En el interno, externo a mis sollozos en la madrugada que juntó mi alma en su mochila del olvido, volví a mí ser.
Después de haber paseado por el tiempo donde los pájaros volaban estrellando sus caras, las muñecas vestían de amarillo, el libro era sorpresa y experimenté la sensación de vibrar, me di cuenta que estaba demasiado lejos y no quería volver.
Me acurruqué despacito en la esquina del balcón para escuchar los 24 tracks que quedaron de mis sonrisas, entonces me quedé dormida en el tormento de la madrugada, que hasta donde recuerdo me daba la bienvenida. Entonces me perdí en un nuevo sueño con aires de misterio, las caricias se perdieron en la pintura del cielo oscuro para abofetearme en la luz del día.
Le grité al viento sin sentido y todo se llenó de agua fría, casi helada en aquél hueco.
Miré ese cielo y la pintura había desaparecido, ahora eran colores opacos intentando formar su imagen.
Sentí el frío y temblé al compás del sonido del track número 24, desperté y el corazón estaba dibujado en la pared.
domingo, 30 de marzo de 2008
...
Sol oculto de las horas por la tarde, te exijo que ilumines hasta el martes.Primer día del ciclo, luna llena, algo esta muy bien.
Podrás observar con detalle el mundo en miniatura, sabiendo que las horas llegan lejos… ¿ cuándo ?
Encontrándote en un reflejo, diminuta al fin.
Todo esta estático..¿ a dónde va ?
Hoy siento calma .
Otra crónica de domingo
Volvió, el domingo anochecido me llama a festejar los años bien vividos, recordándolos de una manera muy peculiar.
En pocos minutos me invita a la reflexión, entonces planeo, me concentro y un icono mental me busca y me encuentra.
Entonces… no me conecto, el viento me da frío y el piso de cerámica lo desafía, mis manos también están frías.
Veo las mangas de mi sweter desbordando del puño, en diagonal un lápiz de dibujo negro conduce mi mano.
Los ocho pisos son altos, la luz que ilumina el cuaderno es tenue y las rejas blancas, pero ahora es muy de noche.
Cuando comenté adentro que me iba al balcón, no pensaba las cosas tan lento como a 300 km por hora, me contradigo.
Me ahuyentó el frío, traspase el ventanal y me encerré en mi cuarto, puse mi CD preferido, me desconcentro.
Ella me esta contando la historia sin fin, surge lo fantástico, me inspiro.
Entonces, expiro y recuerdo los minutos en el balcón, se acabó el texto.
En pocos minutos me invita a la reflexión, entonces planeo, me concentro y un icono mental me busca y me encuentra.
Entonces… no me conecto, el viento me da frío y el piso de cerámica lo desafía, mis manos también están frías.
Veo las mangas de mi sweter desbordando del puño, en diagonal un lápiz de dibujo negro conduce mi mano.
Los ocho pisos son altos, la luz que ilumina el cuaderno es tenue y las rejas blancas, pero ahora es muy de noche.
Cuando comenté adentro que me iba al balcón, no pensaba las cosas tan lento como a 300 km por hora, me contradigo.
Me ahuyentó el frío, traspase el ventanal y me encerré en mi cuarto, puse mi CD preferido, me desconcentro.
Ella me esta contando la historia sin fin, surge lo fantástico, me inspiro.
Entonces, expiro y recuerdo los minutos en el balcón, se acabó el texto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)