domingo, 30 de marzo de 2008

siempre como el río


Cuando el volumen me estalla en el oído, yo lo siento, como si llegara a tocarlo.
Mi cuerpo se eleva y penetra el trance danzante.
La mente despierta, imágenes.
Un espejo refleja y me lleva.
Me detuve un paso para tomar aire.
El agua fluye y yo... la sigo.

ॐ

Inspira, expira.

El cuerpo es diminuto.
Los segundos son enormes.
Las palabras están demás.
Cerca el universo.
Posible el infinito.
Bienvenidos.

La dama del bosque


Trepada al vértigo iluso de la vida, subida a las paredes de ensueño, trepa a pasos agigantados sobre sus propias curvas, apenas, con intenciones de llegar al final del segundo próximo.
Sólo por sí misma y con los ojos en un punto sin escalas, ya no espera.
El logro de armonizar los centros agudiza sus sentidos en el instante único e irrepetible.
Pasado el duelo, la debilidad se ocultó en el tiempo.
Asciende y trasciende, ahora lo entiende.